Mi amor por la literatura

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Es típico preguntar a una lectora empedernida como yo desde cuándo sabe que los libros son algo imprescindible en su vida o, por lo menos, desde cuándo lee en serio, por placer. En mi caso no tengo libro y momento concreto, sólo el recuerdo de ser de las únicas en clase que leía lo que se le pedía sin rechistar demasiado (aunque dependía del libro, claro).

En todo caso, leer me gustaba ya antes de empezar el instituto, y el hobby maduró hasta convertirse en la decisión de ser filóloga a toda costa. Había otras opciones en mente, pero tenía claro que, estudiara lo que estudiara, quería estar rodeada de letras.

Escribía poesía, y eso es algo que me persigue...el verbo escrito en pasado, quiero decir, porque me encantaba hacerlo y perdí la costumbre.

Tanto algunas lecturas como mi lápiz sobre el papel me ayudaron a superar épocas no precisamente doradas de mi adolescencia.

(Ya conoceréis de buena mano esas inseguridades típicas de la edad.)

Con el tiempo, aprendí de forma natural a elegir mis lecturas, y un buen día descubrí que leer romance me gustaba, aunque con ciertas condiciones: quería madurez, una historia de amor, sí, pero con calidad literaria y carácter. 

Después de leer a los clásicos, a autores que marcaron mi alma lectora, como el maestro Borges, sabía cuál era la esencia que buscaba en un libro, y tenía mucho que ver con los sentimientos y la pasión...descritos con la intensidad que merecen, porque la vida con  emociones a flor de piel es absolutamente maravillosa. 

Maduré como lectora y sigo haciéndolo, me enorgullezco de conocer la literatura como la conozco y de haber descubierto a mi yo lector hasta el punto de saber qué quiero, cómo lo quiero y por qué lo quiero. No me importan los prejuicios más allá del daño que puedan hacerle a cualquier género literario, y leo sabiendo que lo haré toda la vida porque no imagino el futuro sin las páginas de un libro (de papel o virtual). 

El mundo no sería lo que es sin los libros,   nosotros no seríamos quienes somos sin ellos.



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